Dios, Primera Persona
La doctrina católica nos enseña a un Dios que son tres Personas en un sólo Dios: el dogma de la Santísima Trinidad. Así, Dios Padre es la Primera Persona, Dios Hijo Jesucristo es la Segunda, y el Espíritu Santo la Tercera. Personas distintas, pero UN SOLO DIOS.
Si bien están en orden, éste no expresa superioridad (subordinacionismo). "En esta Trinidad nada es antes o después, ni tampoco superoir o inferior, sino que las Tres Personas son coeternas y coiguales entre ellas" (Símbolo Quicumque o de san Atanasio).
Dios Padre, Creador de todas las cosas, es a quien nos referimos al hacer la profesión de Fe en el Credo: "Creo en DIOS PADRE TODOPODEROSO, Creador del Cielo y de la Tierra...", al rezar el Padre Nuestro: "Padre Nuestro, que estás en el cielo...", y en todos los sacramentos y ritos, donde aparece la fórmula trinitaria.
Así, al afirmar que Dios es Padre, decimos que es Padre en relación a alguien: al Hijo.
Por lo tanto, Dios es un relación de Amor entre el Padre y el Hijo, en el Espíritu Santo.
El Padre, por ser Dios, posee todos los atributos divinos: inmortalidad, omnipresencia, imnipotencia, omnisciencia, etc.
El nombre de Dios en el Antiguo Testamento, expresa su sustancia de Amor Misericordioso: "Yo soy el que soy (Yahvé)". O sea, Dios es fiel y ama entrañablemente. Como un Padre ama a sus hijos.
"Cuando era cardenal, Benedicto XVI explicó: Dios presenta las cualidades esenciales que caracterizan a la persona, a saber: conciencia, comprensión y amor. Por tanto, es alguien que puede hablar y escuchar. Considero que es aquí donde radica la esencia de Dios".
"Benedicto XVI piensa sobre Dios: Dios no es ni hombre ni mujer, está por encima de esa distinción" (extractos de Secretos Vaticanos, de Eric Frattini).
Siguiendo las palabras del Santo Padre, Dios es alguien que "puede hablar y escuchar". Esta comunicación no es unilateral: nosotros podemos dirigirnos al Padre, por medio de la oración.
De este modo, Dios es una persona en todo el sentido de la palabra, que puede sostener una comunicación con nosotros.
Asimismo, el mismo papa Benedicto XVI, en su encíclica Deus Caritas Est, profundiza el misterio de Dios Amor y nos enseña la perspectiva católica de la creencia en un Dios que nos ama profundamente, hasta el extremo de entregar a su Hijo para nuestra redención.
Dios Padre, según el Credo, es Todopoderoso y Creador del Cielo y de la Tierra. Pero hay que entender adecuadamente estos conceptos para una tener clara y madura fe católica.
Dios es Todopoderoso, pero no según los cánones del hombre. Dios no salva de algo, sino que nos salva en los mismos sucesos cotidianos de nuestra vida, con su presencia activa en nuestra existencia. Es así como Dios nos muestra su omnipotencia: en los sucesos que ocurren cada día. Y el entender esto propicia la apertura de mente para pensar en los milagros como signos más que como sucesos maravillosos. De esta reflexión surge la frase de san Agustín: "Dios hace todos los días un milagro en tu vida".
Por último, el creer en Dios como Creador de Cielo y Tierra nos lleva a la situación de "contradicción" entre las teorías científicas y la explicación bíblica.
La ciencia dice que el Big Bang fue el suceso originador del Universo. La Biblia dice que Dios creó el mundo en seis días, y el séptimo descansó.
Pero, no debemos olvidar que la Biblia está escrita en estilos o géneros literarios. Y cada libro o pasaje hay que leerlo en esa clave.
En este caso, la narración del Origen del Mundo está escrita en clave mítica, no en clave histórica. Por lo tanto, debe ser leída con una hermenéutica adecuada y no ser tomada literalmente, como un relato periodístico.
Además, ¿por qué Dios no podría hacer uso de los hechos físicos, químicos y biológicos? Son parte de Su creación, y por tanto posee control sobre ellos.
En la misma perspectiva de la creación, está el sentido del Amor de Dios: ¿Por qué Dios crea al mundo, siendo Dios lo único necesario? Porque nos ama. Y nos quiere acoger y comunicarnos su Vida Divina. Así, pone Su poder creador al servicio de Su Amor.
Dios Padre, así como Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, es y siempre será un misterio para nuestras mentes finitas y supeditadas a las condiciones espacio-temporales. Pero una vez en el cielo, "abriremos nuestros ojos" a Su Divina Existencia y lo veremos tal cual es. Y esa es la esperanza que debe alimentar nuestra fe.
Si bien están en orden, éste no expresa superioridad (subordinacionismo). "En esta Trinidad nada es antes o después, ni tampoco superoir o inferior, sino que las Tres Personas son coeternas y coiguales entre ellas" (Símbolo Quicumque o de san Atanasio).
Dios Padre, Creador de todas las cosas, es a quien nos referimos al hacer la profesión de Fe en el Credo: "Creo en DIOS PADRE TODOPODEROSO, Creador del Cielo y de la Tierra...", al rezar el Padre Nuestro: "Padre Nuestro, que estás en el cielo...", y en todos los sacramentos y ritos, donde aparece la fórmula trinitaria.
Así, al afirmar que Dios es Padre, decimos que es Padre en relación a alguien: al Hijo.
Por lo tanto, Dios es un relación de Amor entre el Padre y el Hijo, en el Espíritu Santo.
El Padre, por ser Dios, posee todos los atributos divinos: inmortalidad, omnipresencia, imnipotencia, omnisciencia, etc.
El nombre de Dios en el Antiguo Testamento, expresa su sustancia de Amor Misericordioso: "Yo soy el que soy (Yahvé)". O sea, Dios es fiel y ama entrañablemente. Como un Padre ama a sus hijos.
"Cuando era cardenal, Benedicto XVI explicó: Dios presenta las cualidades esenciales que caracterizan a la persona, a saber: conciencia, comprensión y amor. Por tanto, es alguien que puede hablar y escuchar. Considero que es aquí donde radica la esencia de Dios".
"Benedicto XVI piensa sobre Dios: Dios no es ni hombre ni mujer, está por encima de esa distinción" (extractos de Secretos Vaticanos, de Eric Frattini).
Siguiendo las palabras del Santo Padre, Dios es alguien que "puede hablar y escuchar". Esta comunicación no es unilateral: nosotros podemos dirigirnos al Padre, por medio de la oración.
De este modo, Dios es una persona en todo el sentido de la palabra, que puede sostener una comunicación con nosotros.
Asimismo, el mismo papa Benedicto XVI, en su encíclica Deus Caritas Est, profundiza el misterio de Dios Amor y nos enseña la perspectiva católica de la creencia en un Dios que nos ama profundamente, hasta el extremo de entregar a su Hijo para nuestra redención.
Dios Padre, según el Credo, es Todopoderoso y Creador del Cielo y de la Tierra. Pero hay que entender adecuadamente estos conceptos para una tener clara y madura fe católica.
Dios es Todopoderoso, pero no según los cánones del hombre. Dios no salva de algo, sino que nos salva en los mismos sucesos cotidianos de nuestra vida, con su presencia activa en nuestra existencia. Es así como Dios nos muestra su omnipotencia: en los sucesos que ocurren cada día. Y el entender esto propicia la apertura de mente para pensar en los milagros como signos más que como sucesos maravillosos. De esta reflexión surge la frase de san Agustín: "Dios hace todos los días un milagro en tu vida".
Por último, el creer en Dios como Creador de Cielo y Tierra nos lleva a la situación de "contradicción" entre las teorías científicas y la explicación bíblica.
La ciencia dice que el Big Bang fue el suceso originador del Universo. La Biblia dice que Dios creó el mundo en seis días, y el séptimo descansó.
Pero, no debemos olvidar que la Biblia está escrita en estilos o géneros literarios. Y cada libro o pasaje hay que leerlo en esa clave.
En este caso, la narración del Origen del Mundo está escrita en clave mítica, no en clave histórica. Por lo tanto, debe ser leída con una hermenéutica adecuada y no ser tomada literalmente, como un relato periodístico.
Además, ¿por qué Dios no podría hacer uso de los hechos físicos, químicos y biológicos? Son parte de Su creación, y por tanto posee control sobre ellos.
En la misma perspectiva de la creación, está el sentido del Amor de Dios: ¿Por qué Dios crea al mundo, siendo Dios lo único necesario? Porque nos ama. Y nos quiere acoger y comunicarnos su Vida Divina. Así, pone Su poder creador al servicio de Su Amor.
Dios Padre, así como Dios Hijo y Dios Espíritu Santo, es y siempre será un misterio para nuestras mentes finitas y supeditadas a las condiciones espacio-temporales. Pero una vez en el cielo, "abriremos nuestros ojos" a Su Divina Existencia y lo veremos tal cual es. Y esa es la esperanza que debe alimentar nuestra fe.
