Universalis Catholic Hierarchy ACI Prensa

domingo, abril 15, 2007

"Señor Mío y Dios Mío" (cfr. Jn 20, 28)

Segundo Domingo de Pascua, que fue dedicado por Juan Pablo II a la Divina Misericordia.

El Evangelio de hoy nos presenta un Jesús Resucitado que es comprensivo, que entiende la debilidad y la incredulidad humanas. Al asumir nuestra condición mortal, asume también la condición de seres incrédulos que necesitamos "ver para creer". Lo que Jesús nos dice hoy es que es mejor "creer para ver".
"A la tarde de ese mismo día, el primero de la semana, y estando, por miedo a los judíos, cerradas las puertas (de) donde se encontraban los discípulos, vino Jesús y, de pie en medio de ellos, les dijo: '¡Paz a vosotros!'. Diciendo esto, les mostró sus manos y su costado; y los discípulos se llenaron de gozo, viendo al Señor. De nuevo les dijo: '¡Paz a vosotros! Como mi Padre me envió, así Yo os envío'. Y dicho esto, sopló sobre ellos, y les dijo: 'Recibid el Espíritu Santo: a quienes perdonaréis los pecados, les quedan perdonados; y a quienes se los retuviereis, quedan retenidos'" (Jn 20, 19-23). Cristo se aparece de improviso, de repente en nuestra vida. E irrumpe sin usar puertas ni entradas: entra en nuestro corazón directamente. Y, ¿qué es lo que nos trae Jesús? Él nos trae la paz. El regalo de Dios para el hombre. Asimismo, en ese momento, Jesús hace una prefigura de los que será el envío en el día de Pentecostés: "Recibid el Espíritu Santo (Pentecostés, Hch 2): a quienes perdonáreis los pecados, quedarán perdonados; y a quienes se los retuviereis, quedan retenidos" (Jn 20, 22-23). Es un anuncio de lo que será la venida en plenitud del Espíritu en Pentecostés.
"Ahora bien Tomás, llamado Dídimo, uno de los Doce, no estaba con ellos cuando vino Jesús. Por tanto le dijeron los otros: 'Hemos visto al Señor'. Él les dijo: 'Si yo no veo en sus manos las marcas de los clavos, y no meto mi dedo en el lugar de los clavos, y no pongo mi mano en su costado, de ninguna manera creeré'. Ocho días después, estaban nuevamente adentro sus discípulos, y Tomás con ellos. Vino Jesús, cerradas las puertas, y, de pie en medio de ellos, dijo: '¡Paz a vosotros!'. Luego dijo a Tomás: 'Trae acá tu dedo, mira mis manos, alarga tu mano y métela en mi costado, y no seas incrédulo, sino creyente'. Tomás respondió y le dijo: '¡Señor mío y Dios mío!'. Jesús le dijo: 'Porque me has visto, has creído; dichosos los que han creído sin haber visto'" (Jn 20, 24-29). Tomases, en estos tiempos, hay (y habemos, seguramente) muchos. Y los hay porque estamos ante una afirmación difícil de aceptar: que un hombre vuelve de la muerte, habiendo estado ya tres días muerto. Pero en eso consiste el regalo de la Fe: creer sin ver. En vez de "ver para creer", el cristiano necesita "creer para ver". "Dichosos los que han creído sin haber visto", dice el Señor (cfr. Jn 20, 29).
Jesús trae nuevamente la paz a los Apóstoles, y esta vez estando presente Tomás. Y Jesús le da la prueba para que Tomás crea. Y él cree. Es como nosotros que necesitamos ver algo para creerlo. Pero ahí está la Gracia de la Fe: no necesitamos ver a Dios para creer en Él. Lo importante es que esa fe no sea inerte o sea una herencia familiar sin base real en nosotros: la verdadera Fe es aquella que es movida por el Espíritu, y que es dinámica y no estática.
Es destacable también que los discípulos se refieren a Jesús como Señor: "Hemos visto al Señor" (cfr. Jn 20, 25) y Tomás le declara: "Señor mío y Dios mío" (cfr. Jn 20, 28). Ya Le reconocen como Dios. Con la Resurrección, Cristo es instituido por el Padre como Señor de la Historia, y es reconocido, desde ahora en adelante, como Señor (Adonai), título exclusivo de Dios. Así los discípulos manifiestan su convicción y su creencia de que Jesús es Dios. La doctrina de que Jesús es Dios se remonta desde los tiempos apostólicos, y no solamente desde Nicea, como afirman algunos libros por ahí.

La expresión de Tomás, "Señor mío y Dios mío", ha sido tomada este año por Su Santidad Benedicto XVI en el Mensaje Urbi et Orbi de Pascua. Y es esa afirmación la que debe ser un ejemplo para nosotros, para creer en ese Dios nuestro y Señor nuestro, en "mi Padre que es vuestro Padre y mi Dios que es vuestro Dios" (cfr. Jn 20, 17).
"Otros muchos milagros obró Jesús, a la vista de los discípulos, que no se encuentran escritos en este libro. Pero éstos han sido escritos para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y, creyendo, tengáis vida en su nombre" (Jn 20, 30-31). Ese es el fin último de la Revelación de Dios: comunicarnos su Vida Divina. Creyendo, tendremos vida en su nombre. Y esa vida que tendremos es la Vida Divina, Vida Eterna.
Roguemos al Señor que nos conceda la gracia de poder vivir siempre "creyendo para ver", que la nuestra sea una fe de corazón, sincera y que nos permita ver siempre al Señor en los distintos aspectos y momentos de nuestra vida, y que cuando Le veamos, no dudemos en decirle: Señor mío, y Dios mío.

sábado, abril 07, 2007

El Triduo Pascual

El núcleo del Año Litúrgico. Es en este período de tres días en los que se suceden los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor, y con ellos los misterios de nuestra Redención.
Se inicia el Jueves Santo, con la Misa "in Coena Domini". Aquí, se recuerda la Institución de la Eucaristía y del Sacerdocio, así como del mandato nuevo: "Ámense los unos a los otros como Yo les he amado" (Jn 15, 12). El servicio y la caridad son los valores destacados por Cristo en este día, con el sacerdicio y el lavado de pies (servicio) y la Eucaristía (caridad).

El día siguiente, Viernes, rememoramos la Pasión y Muerte de Cristo. En este día y el siguiente, Sábado, la Iglesia se abstiene de la celebración de la Eucaristía.
Hoy la liturgia adora la Santa Cruz en la que Cristo muere y por la que el Padre nos concede el perdón de los pecados. Se lee la Pasión según san Juan, y se procede a orar por el resto del mundo, por nosotros y las intenciones generales de la Iglesia en la Oración Universal. Se sigue el rito de la Adoración de la Cruz, y el rito de la Comunión.

El día Sábado se conmemora el silencio de Cristo en el sepulcro. Este silencio es roto solamente por la Vigilia Pascual, en la noche, donde se comienza a celebrar con alegría la certeza de la Resurrección Gloriosa de Jesucristo. En esta liturgia, "madre de todas las liturgias" (San Agustín), se rezan las Letanías como testimonio fiel de la creencia en la Comunión de los Santos, se renuevan las promesas bautismales y se celebra la víspera de la Misa de Pascua de Resurrección.

Los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Cristo son el suceso más importante de la Historia y de la Vida de la Iglesia. Estos nos hacen actores protagónicos de la Redención efectuada por Cristo, y nos permiten ser revividos en Cristo el día domingo. Es la certeza de la Resurrección la que debe reavivarnos este Domingo de Resurrección y hacer que nos entreguemos a Jesús para, verdaderamente, resucitar con Él.

"...era necesario que él resucitase de entre los muertos" (cfr. Jn 20, 9)

Ciertamente, el día de mañana es distinto de todos los demás. Mañana, el alba nos comunica esta noticia maravillosa, la Resurrección Gloriosa de Jesucristo, el Señor.
"Y el primer día de la semana, María Magdalena vino de mañana, siendo aún obscuro, al sepulcro; y vió la piedra quitada del sepulcro. Entonces corrió, y vino a Simón Pedro, y al otro discípulo, al cual amaba Jesús, y les dice: 'Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto'. Y salió Pedro, y el otro discípulo, y vinieron al sepulcro" (Jn 20, 1-3).
El primer día de la semana para los judíos era el domingo. Por eso celebramos la Resurrección en Domingo; y de allí el nombre del día mismo (Domingo viene del latín "Dies Domini", día del Señor).
Los evangelios sinópticos nos dicen que María Magdalena, con otras mujeres, fueron al sepulcro a embalsamar a Jesús. En cambio, Juan, más teológico, resalta inmediatamente el hecho del sepulcro vacío, ya que es éste suceso el que tiene relevancia. El que Jesús no esté en el sepulcro es lo importante para nuestra Fe.
María de Magdala inmediatamente corre a avisarle a los Apóstoles lo que ha visto, o más bien lo que no ha visto: "Han llevado al Señor del sepulcro, y no sabemos dónde le han puesto" (Jn 20, 2). No saben dónde está, pero más concretamente no saben qué ha pasado con Jesús: no saben de la Resurrección.
"Y corrían los dos juntos; mas el otro discípulo corrió más presto que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vió los lienzos echados; mas no entró.
Llegó luego Simón Pedro siguiéndole, y entró en el sepulcro, y vió los lienzos echados, y el sudario, que había estado sobre su cabeza, no puesto con los lienzos, sino envuelto en un lugar aparte. Y entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro, y vió, y creyó"(Jn 20, 4-8). Fueron Pedro y el otro discípulo a quien amaba Jesús (que no es otro que Juan) a ver el sepulcro. Juan, por ser más joven, llega primero, pero no entra: "baja a ver" dentro del sepulcro, respetando la primacía de Pedro. Llega Pedro, entra y ve los lienzos y el sudario de la cabeza. Y vieron y creyeron. Creyeron en este Señor que venció a la muerte y al pecado para devolvernos nueva vida. Pero aún falta algo importante, "porque aun no sabían la Escritura, que era necesario que él resucitase de los muertos" (Jn 20, 9). Y ese conocimiento llega en Pentecostés, cuando el Resucitado les comunica el Espíritu Paráclito.

Hoy es la fiesta más importante del Año Litúrgico. Celebramos el triunfo de la Vida sobre la muerte eterna. Cristo está, realmente, Vivo y presente en la Historia, "todos los días, hasta el fin del mundo" (Mt 28, 20). Con toda razón hoy podemos decir, con gozo y alegría: "Alleluia! Resurrexit!".

domingo, abril 01, 2007

Domingo de Ramos

Hoy es Domingo de Ramos. Hoy es el día de la entrada triunfal de Cristo en Jerusalén. Hoy iniciamos la Semana Santa o Semana Mayor. Y con ella nos adentramos en los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesucristo.
Recibimos a Jesús por fuera, pero ¿le recibimos en el corazón? ¿Le recibimos en todo nuestro existir?
¿Somos coherentes con lo que decimos? Son preguntas que el Domingo de Ramos nos saca a la luz, y nos hace cuestionarnos si realmente la acogida a Jesús es sincera.
Desde hoy se proyecta la Semana Santa, y nos preparamos para hacer presente la Pasión salvadora de Cristo. Proyectémonos hacia el Triduo Pascual (Jueves Santo en la tarde, Viernes Santo y Sábado Santo en la Vigilia Pascual) con un sincero ánimo de arrepentimiento y recogimiento.