Jesús de Nazaret: un comentario (I)
Hola. Después de un largo tiempo sin escribir, he vuelto para presentar un texto en el que vengo trabajando hace tiempo.
Cuando asistí al Centro de Extensión de la Pontificia Universidad Católica de Chile, vi en el estante de la librería el título Jesús de Nazaret; inmediatamente me dije: "¡Quiero leer ese libro!". Así empecé su lectura, y le encontré tan interesante y apasionante que decidí hacer un comentario que luego adapté para publicarlo aquí.
Si alguien tiene la oportunidad de leerlo, por favor: ¡léalo! Es un excelente libro, escrito en un lenguaje muy sencillo. No se queden con este comentario, que no alcanza a recoger por completo la magnitud del libro de Su Santidad.
De a poco seguiré publicando mi informe sobre el libro. Hoy publicaré la introducción.
Bueno, he aquí mi comentario.
"Jesús, que sabía todo lo que iba a suceder, se adelanta y les pregunta: '¿A quién buscáis?'. Ellos respondieron: 'A Jesús el Nazareno'. Él les dice: 'Soy Yo'" (Jn 18, 4-5). En el relato joánico de la captura de Jesús, los soldados del Sumo Sacerdote buscan a Jesús. Nosotros también Le buscamos, si bien como discípulos y no como captores.
“En ant Iehoshua minatzrat?”, en lengua semita “¿Eres tú Jesús de Nazaret?”; esta pregunta está estrechamente ligada con la cuestión “¿Quién es Jesús de Nazaret?”, pregunta que Su Santidad busca responder con este libro. El Papa Benedicto XVI quiere, con su libro Jesús de Nazaret, guiarnos en nuestra búsqueda del Señor. Afirma el Santo Padre: “El Jesús del cuarto Evangelio y el Jesús de los Evangelios sinópticos es la misma e idéntica persona: el verdadero Jesús histórico” (p. 142). Su Santidad, sin embargo, no se limita a la mera discusión histórico-teológica de si el Jesús evangélico es el Jesús histórico, o si Jesús realmente existió. Él posee la plena confianza (la confianza que confiere la fe del creyente) de que Jesús existió y es el mismo que se nos comunica en las Sagradas Escrituras: es realmente quien hace patente que “Dios salva” (Iehoshua).
Como el Papa mismo hace notar, este libro no forma parte de su Magisterio Pontificio en cuanto texto magisterial. Pero sí es fruto de una profunda reflexión personal de su vivencia de Jesucristo. Así, si bien no es infalible y es posible de ser contradicho (como el mismo autor explicita; cfr. p. 20), posee el respaldo de una vida de servicio y amor a Jesucristo, y el aval de una profunda experiencia en doctrina y magisterio eclesial.
Sin duda, creo que, como todo texto teológico, este libro debe pasar por un “colador” personal antes de ser completamente interiorizado. Debe ser reflexionado y no ser asumido como “una verdad absoluta”. La reflexión es la que hace a la fe, una fe verdadera: en palabras de san Agustín, “Si la fe no piensa, no es nada” (De praedestinatione sanctorum, II, 5).
Por ello, y por el mismo hecho de no ser un texto magisterial infalible (y, por ende, alejado el riesgo de caer en herejía al pensar contrariamente a él), puede y debe ser analizado y reflexionado a la luz de la propia relación con Jesucristo.
El Santo Padre, en este libro, hace un recorrido teológico por varios eventos de la vida del Señor: desde Su bautismo en el Jordán de manos de Juan el Bautista, hasta Su Transfiguración, haciendo el análisis exegético correspondiente. Él mismo explica, en su prólogo del libro, el porqué de restringir este libro a ese intervalo de la vida de Jesús: “Dado que no sé hasta cuándo dispondré de tiempo y fuerzas, he decidido publicar esta primera parte con los diez primeros capítulos (de la obra completa), que abarcan desde su bautismo en el Jordán hasta la confesión de Pedro y la transfiguración” (p. 20).
Por otro lado, veo, en el trasfondo y en el motivo que impulsó a Benedicto XVI a escribir esta obra, un profundo amor a Jesucristo y a la Iglesia. Además, se agradece que el texto sea escrito de manera tan simple, pero a la vez tan comprometida con la misión de comunicar el Evangelio. Gracias a su simplicidad, es posible de ser leído sin problemas por todos, ya que no cae en tecnicismos y conceptos teológico-filosóficos rimbombantes y de difícil comprensión, más de lo necesario; al contrario, su lenguaje es coloquial, comprensible y simplista. Pero la pasión que trasmite el texto es tal, que se aprecia claramente que el autor es un enamorado de Jesús. No es un texto frío y escolástico; es de una calidez y humanidad enorme. Es un libro comprometido totalmente con el espíritu de Aparecida: ser discípulos-misioneros de Jesucristo, anunciar la vivencia de Jesús en mi vida.
Con este libro, el Santo Padre busca acercarse al salmista, que recita: "De Ti ha dicho mi corazón: 'Buscad Su rostro'; yo busco Tu rostro, Señor. No lo apartes de mí, no alejes con ira a Tu servidor"(Sal 27, 8-9). Ésa es la invitación de Dios a Sus hijos: busquen Mi rostro, y en Mí encontrarán la paz y la salvación.
Cuando asistí al Centro de Extensión de la Pontificia Universidad Católica de Chile, vi en el estante de la librería el título Jesús de Nazaret; inmediatamente me dije: "¡Quiero leer ese libro!". Así empecé su lectura, y le encontré tan interesante y apasionante que decidí hacer un comentario que luego adapté para publicarlo aquí.
Si alguien tiene la oportunidad de leerlo, por favor: ¡léalo! Es un excelente libro, escrito en un lenguaje muy sencillo. No se queden con este comentario, que no alcanza a recoger por completo la magnitud del libro de Su Santidad.
De a poco seguiré publicando mi informe sobre el libro. Hoy publicaré la introducción.
Bueno, he aquí mi comentario.
“En ant Iehoshua minatzrat?”, en lengua semita “¿Eres tú Jesús de Nazaret?”; esta pregunta está estrechamente ligada con la cuestión “¿Quién es Jesús de Nazaret?”, pregunta que Su Santidad busca responder con este libro. El Papa Benedicto XVI quiere, con su libro Jesús de Nazaret, guiarnos en nuestra búsqueda del Señor. Afirma el Santo Padre: “El Jesús del cuarto Evangelio y el Jesús de los Evangelios sinópticos es la misma e idéntica persona: el verdadero Jesús histórico
Como el Papa mismo hace notar, este libro no forma parte de su Magisterio Pontificio en cuanto texto magisterial. Pero sí es fruto de una profunda reflexión personal de su vivencia de Jesucristo. Así, si bien no es infalible y es posible de ser contradicho (como el mismo autor explicita; cfr. p. 20), posee el respaldo de una vida de servicio y amor a Jesucristo, y el aval de una profunda experiencia en doctrina y magisterio eclesial.
Sin duda, creo que, como todo texto teológico, este libro debe pasar por un “colador” personal antes de ser completamente interiorizado. Debe ser reflexionado y no ser asumido como “una verdad absoluta”. La reflexión es la que hace a la fe, una fe verdadera: en palabras de san Agustín, “Si la fe no piensa, no es nada” (De praedestinatione sanctorum, II, 5).
Por ello, y por el mismo hecho de no ser un texto magisterial infalible (y, por ende, alejado el riesgo de caer en herejía al pensar contrariamente a él), puede y debe ser analizado y reflexionado a la luz de la propia relación con Jesucristo.
El Santo Padre, en este libro, hace un recorrido teológico por varios eventos de la vida del Señor: desde Su bautismo en el Jordán de manos de Juan el Bautista, hasta Su Transfiguración, haciendo el análisis exegético correspondiente. Él mismo explica, en su prólogo del libro, el porqué de restringir este libro a ese intervalo de la vida de Jesús: “Dado que no sé hasta cuándo dispondré de tiempo y fuerzas, he decidido publicar esta primera parte con los diez primeros capítulos (de la obra completa), que abarcan desde su bautismo en el Jordán hasta la confesión de Pedro y la transfiguración” (p. 20).
Por otro lado, veo, en el trasfondo y en el motivo que impulsó a Benedicto XVI a escribir esta obra, un profundo amor a Jesucristo y a la Iglesia. Además, se agradece que el texto sea escrito de manera tan simple, pero a la vez tan comprometida con la misión de comunicar el Evangelio. Gracias a su simplicidad, es posible de ser leído sin problemas por todos, ya que no cae en tecnicismos y conceptos teológico-filosóficos rimbombantes y de difícil comprensión, más de lo necesario; al contrario, su lenguaje es coloquial, comprensible y simplista. Pero la pasión que trasmite el texto es tal, que se aprecia claramente que el autor es un enamorado de Jesús. No es un texto frío y escolástico; es de una calidez y humanidad enorme. Es un libro comprometido totalmente con el espíritu de Aparecida: ser discípulos-misioneros de Jesucristo, anunciar la vivencia de Jesús en mi vida.
Con este libro, el Santo Padre busca acercarse al salmista, que recita: "De Ti ha dicho mi corazón: 'Buscad Su rostro'; yo busco Tu rostro, Señor. No lo apartes de mí, no alejes con ira a Tu servidor"
