"¿Es Yahvé el Dios de la venganza?"
Este fin de semana leí un libro llamado "Enigmas de la Biblia al descubierto" ("Gli undici comandamenti", en el original italiano), de los periodistas italianos Roberto Beretta y Elisabetta Broli. Uno de sus capítulos se titulaba: "¿Es Yahvé el Dios de la venganza?", y me pareció que sería buena idea transcribirlo aquí, puesto que destaca entre los demás capítulos por el aspecto que trata, que en muchas ocasiones produce errores y confusiones. El libro, además, busca corregir algunas tradiciones y concepciones "erradas" (y otras no tanto) que se tienen y obtienen de los textos bíblicos. Es, pues, un libro altamente recomendable, e invito a quien pueda leerlo que lo haga, pues le ayudará a comprender mejor algunas ideas que pueden aparecer como "contradictorias" en la lectura de las Sagradas Escrituras.
¿Es Yahvé el Dios de la venganza?
"Porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación" (Éxodo 20, 5).
Pero la falsedad más grande es la que quiere al Dios del Antiguo Testamento malvado, vengativo y terrible, en contraposición al Dios bueno y misericordioso del Nuevo Testamento, cuya única orden es: ¡Ama! Nada más equivocado, aunque esta convicción continúa sobreviviendo para muchos.
Basta con leer el Antiguo Testamento para descubrir el amor de Dios. A partir del Génesis: Dios no nos creó por ningún otro motivo que el amor (Margaret Nutting Ralph): en efecto, al final de cada día miraba lo que había hecho: <<... y vio Dios que estaba bien. Y atardeció y amaneció.>>
Un amor que recorre todo el Antiguo Testamento como un fil rouge.
<< Por un breve intante te abandoné, pero con gran pasión te recogeré. En un arranque de furor te oculté mi rostro por un instante... Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se moverá, dice Yahvé >> (Isaías 57, 7ss); << Un instante dura su ira, su favor toda una vida >> (Salmo 30, 6); << Porque Yahvé, vuestro Dios... es el Dios que no es parcial ni admite soborno, que hace justicia al huérfano y a la viuda, que ama al forastero y le da pan y vestido >> (Deuteronomio 10, 17-18); << Porque yo quiero amor, no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos >> (Oseas 6, 6).
Y también: << Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti >> (Jeremías 31, 3); << Y con gozo de esposo por su novia, se gozará por ti tu Dios >> (Isaías 62, 5).
Las palabras de los profetas no deja dudas sobre el amor de este Dios del Antiguo Testamento que en su relación con la humanidad también sabe ser maternal.
Isaías 49, 15: <<¿Acaso olvida una mujer a su hijo de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido.>>
<< La Biblia - escribe Oscar Battaglia en su libro Il Dio che sorride (El Dios que sonríe) - revela en cada una de sus páginas el aspecto simpático de su Dios, brillante por su perspicacia y su humanidad, típicas características de la antigua sabiduría oriental..., que tenía de Dios una idea y una experiencia familiares, en absoluto sabihondo y doctoral. Todo lo que Dios hace y dice se presenta en un contexto de confianza, de simpatía, de optimismo y de alegría.>>
Es verdad que en el Antiguo Testamento es difícil encontrar escrito explícitamente: << Ama a tu enemigo >>; pero ¿se habría comprendido y aceptado una recomendación de este tipo? Basta con leer el relato de Jonás para comprender que Dios también ama a sus enemigos, los habitantes de Nínive perdonados al primer signo de arrepentimiento. << Cuando Dios vio lo que hacían y cómo se arrepentían de su mala conducta, se arrepintió del castigo que habia anunciado contra ellos y no lo ejecutó >> (Jonás 3, 10).
Entonces, ¿cómo interpretar aquellas palabras pronunciadas por el mismo Dios: << Porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian >>?
Ante todo, no extrapolándolas de la frase. Puesto que la Biblia prosigue: <<... pero tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos.>> ¡Y mil generaciones son mucho más que cuatro! Sobre todo porque el Dios celoso castiga sólo a quien le odia en forma radical.
Por otro lado, según algunos exegetas, el verbo << castigar >> no es el más correcto; sería mejor decir << examinar >>: un Dios que examina la culpa de los padres en los hijos hasta la cuarta generación; y esto significa << que Dios no aplica en absoluto un castigo colectivo a la descendencia de un pecador, sino que espera largamente - es, pues piadoso, lento para la ira y lleno de gracia - y observa si el pecado de los padres continúa en los hijos y en los nietos >> (Pinchas Lapide). Sólo interviene en este último caso.
Pero ¿es necesario que Dios castigue?
Galbiati y Piazza escriben: << Dios castiga al hombre porque no lo desprecia. El hombre es tan grande que merece que Dios se interese por él y lo castigue. Los enormes castigos de Yahvé honran al hombre más que una indulgencia humanitaria que lo considere un pobre disminuido. El hombre que aún siente su propia dignidad preferirá padecer el castigo merecido, y atravesar el camino de la expiación, a ser absuelto como un tonto, y sentirse así una máscara humana movida por un destino inevitable.>>
Y el lector comprenderá mejor lo que lee en el Antiguo Testamento si lo filtra a través de este amor de Dios.
(R. Beretta y E. Broli, "Enigmas de la Biblia al descubierto", Ed. Planeta, 2004).
¿Es Yahvé el Dios de la venganza?
"Porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación" (Éxodo 20, 5).
Pero la falsedad más grande es la que quiere al Dios del Antiguo Testamento malvado, vengativo y terrible, en contraposición al Dios bueno y misericordioso del Nuevo Testamento, cuya única orden es: ¡Ama! Nada más equivocado, aunque esta convicción continúa sobreviviendo para muchos.
Basta con leer el Antiguo Testamento para descubrir el amor de Dios. A partir del Génesis: Dios no nos creó por ningún otro motivo que el amor (Margaret Nutting Ralph): en efecto, al final de cada día miraba lo que había hecho: <<... y vio Dios que estaba bien. Y atardeció y amaneció.>>
Un amor que recorre todo el Antiguo Testamento como un fil rouge.
<< Por un breve intante te abandoné, pero con gran pasión te recogeré. En un arranque de furor te oculté mi rostro por un instante... Porque los montes se correrán y las colinas se moverán, mas mi amor de tu lado no se apartará y mi alianza de paz no se moverá, dice Yahvé >> (Isaías 57, 7ss); << Un instante dura su ira, su favor toda una vida >> (Salmo 30, 6); << Porque Yahvé, vuestro Dios... es el Dios que no es parcial ni admite soborno, que hace justicia al huérfano y a la viuda, que ama al forastero y le da pan y vestido >> (Deuteronomio 10, 17-18); << Porque yo quiero amor, no sacrificios, conocimiento de Dios, más que holocaustos >> (Oseas 6, 6).
Y también: << Con amor eterno te he amado: por eso he reservado gracia para ti >> (Jeremías 31, 3); << Y con gozo de esposo por su novia, se gozará por ti tu Dios >> (Isaías 62, 5).
Las palabras de los profetas no deja dudas sobre el amor de este Dios del Antiguo Testamento que en su relación con la humanidad también sabe ser maternal.
Isaías 49, 15: <<¿Acaso olvida una mujer a su hijo de pecho, sin compadecerse del hijo de sus entrañas? Pues aunque ésas llegasen a olvidar, yo no te olvido.>>
<< La Biblia - escribe Oscar Battaglia en su libro Il Dio che sorride (El Dios que sonríe) - revela en cada una de sus páginas el aspecto simpático de su Dios, brillante por su perspicacia y su humanidad, típicas características de la antigua sabiduría oriental..., que tenía de Dios una idea y una experiencia familiares, en absoluto sabihondo y doctoral. Todo lo que Dios hace y dice se presenta en un contexto de confianza, de simpatía, de optimismo y de alegría.>>
Es verdad que en el Antiguo Testamento es difícil encontrar escrito explícitamente: << Ama a tu enemigo >>; pero ¿se habría comprendido y aceptado una recomendación de este tipo? Basta con leer el relato de Jonás para comprender que Dios también ama a sus enemigos, los habitantes de Nínive perdonados al primer signo de arrepentimiento. << Cuando Dios vio lo que hacían y cómo se arrepentían de su mala conducta, se arrepintió del castigo que habia anunciado contra ellos y no lo ejecutó >> (Jonás 3, 10).
Entonces, ¿cómo interpretar aquellas palabras pronunciadas por el mismo Dios: << Porque yo, Yahvé, tu Dios, soy un Dios celoso, que castigo la iniquidad de los padres en los hijos hasta la tercera y cuarta generación de los que me odian >>?
Ante todo, no extrapolándolas de la frase. Puesto que la Biblia prosigue: <<... pero tengo misericordia por mil generaciones con los que me aman y guardan mis mandamientos.>> ¡Y mil generaciones son mucho más que cuatro! Sobre todo porque el Dios celoso castiga sólo a quien le odia en forma radical.
Por otro lado, según algunos exegetas, el verbo << castigar >> no es el más correcto; sería mejor decir << examinar >>: un Dios que examina la culpa de los padres en los hijos hasta la cuarta generación; y esto significa << que Dios no aplica en absoluto un castigo colectivo a la descendencia de un pecador, sino que espera largamente - es, pues piadoso, lento para la ira y lleno de gracia - y observa si el pecado de los padres continúa en los hijos y en los nietos >> (Pinchas Lapide). Sólo interviene en este último caso.
Pero ¿es necesario que Dios castigue?
Galbiati y Piazza escriben: << Dios castiga al hombre porque no lo desprecia. El hombre es tan grande que merece que Dios se interese por él y lo castigue. Los enormes castigos de Yahvé honran al hombre más que una indulgencia humanitaria que lo considere un pobre disminuido. El hombre que aún siente su propia dignidad preferirá padecer el castigo merecido, y atravesar el camino de la expiación, a ser absuelto como un tonto, y sentirse así una máscara humana movida por un destino inevitable.>>
Y el lector comprenderá mejor lo que lee en el Antiguo Testamento si lo filtra a través de este amor de Dios.
(R. Beretta y E. Broli, "Enigmas de la Biblia al descubierto", Ed. Planeta, 2004).

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