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jueves, febrero 26, 2009

Una nueva Evangelización

No es desconocido para nadie que el Cristianismo ha vivido épocas de persecución y épocas de tranquilidad, tiempos de martirio y tiempos de estabilidad. No obstante, pareciera que en estos tiempos actuales la Iglesia vive ciertos momentos difíciles: la figura de Cristo se está haciendo cada vez más "profana", en el sentido de que va perdiendo su connotación de Dios y se va volviendo "otra figura pública", sin ningún trasfondo religioso. Asimismo, la Iglesia vive lo que a primera vista pareciera ser una "decadencia demográfica", ya que cada vez más se va masificando el acto de apostasía. Por otro lado, somos testigos de un fenómeno llamado "crisis de vocaciones", donde pareciera que los seminarios se están quedando progresivamente con menos religiosos. Y así entre otros acontecimientos.

De buenas a primeras, se podría decir: "La Iglesia está en decadencia", "El Cristianismo va a caer", "No hay dios", como los polémicos autobuses europeos hace un tiempo atrás.
No obstante, he aquí donde debemos los cristianos discernir los "signos de los tiempos", como en el relato de san Mateo, donde el Señor reprende a los fariseos: "¡De manera que saben interpretar el aspecto del cielo, pero no los signos de los tiempos!" (cfr. Mt 16, 1-4). Así, Jesús invita (y NOS invita) a la perspicacia y a la atención constante al Reino de Dios.

De este modo, estos acontecimientos de aparente derrota o de supuesta decadencia son nuevas instancias que Dios nos da para volver a evangelizar el mundo. Estamos volviendo a la realidad de los tiempos apostólicos y de las persecuciones (las que ahora son con ideologías y sin espada, pero no por ello menos violentas), donde la Iglesia necesitaba del testimonio de los santos, quienes profesaban el amor de Dios manifestado en Cristo Jesús.
Notemos, sin embargo, que la Iglesia aún es perseguida ahora como lo fue en los primeros siglos. Constatamos que en algunos países donde la religión cristiana es minoría, el número de mártires va en aumento. El testimonio es cada vez más necesario, tanto de palabra como de vida (y de la entrega de la vida). La santidad, que se ve tan abundante en los siglos pasados, parece ser una utopía hoy en día. Pero la invitación a ser santo es permanente, y más ahora que necesitamos dar testimonio ante un mundo que pareciera considerar cada vez menos a Dios como Dios y a los hermanos como tales. Podría haber quien piense: "Era más fácil ser santo antes que ahora, pues antes era más simple retirarse a un monasterio y rezar todo el día; pero ahora tenemos una cultura tan ruidosa...". Pero ¿es así?. De hecho, me atrevería a decir que ser santo no es ni más fácil ni más difícil ahora que antes.

Así, estos "signos de los tiempos" nos deben interpelar a la conversión y a la evangelización. Como resumen los obispos en Aparecida: "Ser discípulos-misioneros de Jesucristo". Ése es el desafío de hoy. La Iglesia necesita de cristianos que estén dispuestos a dar testimonio de Cristo, y que no tengan miedo. Todos estos acontecimientos que aparentemente derrotan a la Iglesia o a Dios son nuevas instancias de renovar el espíritu misionero y evangelizador.

miércoles, febrero 25, 2009

Miércoles de Cenizas

Hola. Hace mucho tiempo que no escribo nada, así que hoy, Miércoles de Cenizas, me gustaría reflexionar sobre este día y la invitación que nos propone para el tiempo de Cuaresma.

Miércoles de Cenizas es el primer día del tiempo litúrgico de Cuaresma (40 días antes de Pascua). Es un tiempo primordialmente de conversión espiritual, en el que la Iglesia nos invita a volver la mirada hacia Dios y hacia Su Hijo Jesucristo, que en unas semanas más entrará en Jerusalén, padecerá, será crucificado, morirá por nosotros y finalmente resucitará glorioso y triunfante sobre el pecado y la muerte y regresará a la diestra del Padre.
El rito principal de hoy es la imposición de la ceniza, que simboliza el acto de "toma de conciencia" que debemos realizar hoy tanto de nuestra realidad de pecadores como de nuestra efímera condición de seres humanos. Las palabras usadas durante el rito, "Conviértete y cree en el Evangelio", tomadas de san Marcos, son parte de la exhortación del mismo Señor en Galilea y que la Iglesia hace propia, tanto para los fieles como para sí. Cuaresma es conversión para todo el pueblo de Dios. Es Dios quien nos llama a la conversión, a buscar Su Rostro. Una frase alternativa con la que se impone las cenizas está tomada de Gen 3,19: "Recuerda que polvo eres y que en polvo te convertirás", en el contexto de la caída de Adán y Eva y haciendo alusión a la fragilidad del ser humano y su necesidad de Dios, sin quien el hombre no es más que polvo y vacío, un montón de arcilla que carece del aliento de vida que viene de Dios (cfr. Gen 2,7).

Miércoles de Cenizas, por otro lado, es un profundo llamado a la austeridad y a la abstinencia. Tanto hoy como Viernes Santo son días de ayuno y abstinencia, y este modo de vida austero es un ejemplo a seguir durante toda la Cuaresma, recordando los cuarenta días de ayuno de Jesús después de su bautismo. La regla de vida de la Orden de los Mínimos, por ejemplo, propone para sus religiosos el "modo de vida cuaresmal", llegando a mandarlo como voto religioso junto a la pobreza, castidad y obediencia. "Su espíritu consiste en vivir permanentemente la cuaresma como total conversión de la mente, del corazón y de la vida a Dios, en el dominio de sí mismo con atención particular a las necesidades de los hermanos y en una más íntima unión a la expiación redentora de Cristo; su práctica efectiva se concreta, además, en un signo externo: el régimen cuaresmal de perpetua abstinencia, dentro y fuera del convento, de la carne y sus derivados (según las determinaciones de las Constituciones y el Directorio)". (extraído de www.gratisweb.com/depaola/OrdenMinimos.htm).

La invitación ahora es a vivir este tiempo de Cuaresma como un tiempo profundamente espiritual, donde la oración y la reflexión sean elementos importantes dentro de la práctica de vida cristiana. El Señor nos llama a convertirnos y creer en la Buena Noticia; tengamos fe, pues, en que se trata de una verdadera Buena Noticia, y vivamos fieles a Él.